domingo, 4 de enero de 2015

Mirarse en el espejo del pasado

Sigo en mi nube de amor y felicidad con mi princesa. Cada día es una nueva aventura, un nuevo paso adelante y un disfrute total que es de 24 horas. Os iré contando a medida que pueda porque ella se lleva el 99% de mi tiempo y eso me hace taaan feliz. 
Hoy quería hablaros de una situación que viví hace unos días y que me hizo recordar cuando estaba al otro lado de la linia de la infertilidad. 
Gracias a que vivo en un chismoso pueblo en el que todo se sabe, hay una chica que lo está pasando muy mal haciéndose tratamiento, tras tratamiento sin resultado. Ella no sabe que yo y medio pueblo lo sabemos, pero tenemos una amiga en común que me cuenta los secretos y confesiones infertiles que la susodicha le hace. Una vergüenza, lo se, pero así son los pueblos. Por eso yo he preferido no confesarme fuera de casa (no me he fiado ni de mi sobra en éste caso) y he llevado el tratamiento en silencio (o eso creo).
A lo que iba... que nos invitaron a un cumpleaños de una baby que hacía su primer añito. Imaginaros, el 75% de invitados eran más babys. Venga cochecitos, venga niños correteando, venga tetas al aire amamantando... y allí en medio estaba ella. La vi y casi pude leer su mente.
Estaba rodeada de gente pero se sentía sola. Cada cosa que veía en aquel cumpleaños le dolía en lo más hondo de su corazón y le hacía recordar que todos, menos ella, tenían lo que tanto y tanto ella quería. Hasta los que no lo habían buscado, los que solo lo habían intentado un mes, todos, todos... menos ella. Estaba rodeada de individuos que en un momento u otro le harían terribles preguntas como "y para cuando los niños?" o comentaríos como "se te pasa el arroz". Por esos motivos (creo) estaba super apartada, sin hablar con nadie.
Mi situación era la contraria. Estaba por primera vez con mi niña en un entorno de papis y mamis. Me sentía plena en mi nueva salsa. En la salsa en la que tanto había deseado estar. Todo el mundo felicitándome por mi maternidad, saludando a mi baby y diciéndome lo guapa que es y lo grandota que está.
Ella fue la única que no se acercó ni a ver a la niña ni a felicitarme. Sentí que necesitaba ser rescatada y me acerqué a ella. Fui yo a saludarla y estuve hablando con ella un montón de rato. Del trabajo, de la peluquería, de nuestras famílias... de todo menos de babys. Creo que se alivió.
Ojalá hubiese podido hablar con ella de verdad verdadera y animarla, compartir la experiencia y ayudarla. Pero el vivir en un chismoso pueblo no me permite fiarme. 
A veces pienso que cabe la posibilidad de que lea mi blog y los granitos de arena que aquí dejo escritos la puedan ayudar en algo. Eso es lo que le da sentido al blog.
Me gustaría tener una barita mágica para conceder el deseo de ser madres a todas las que lo piden. Porque las que lo desean, lo merecen. No olvidaré nunca lo jodido que es de pasar. 
Me gustaría escribir más y mejor pero oigo a mi baby que me reclama para su cena (teta). 
Ánimo a todas, las que buscan y las que lo encontraron. No hay que rendirse.
Feliz 2015

1 comentario:

  1. Pobre chica, a ver si ella también consigue su milagro! Hiciste muy bien en ir a hablar con ella. Un besote grande!

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